El
Aikido es un arte marcial japonés, creado por Morihei Ueshiba.
Su nacimiento es reciente (Siglo XX), aunque sus orígenes
son muy lejanos, ya que proviene principalmente de la Dayto Ryu
(Antigua escuela de Ju Jitsu) y de antiguos estilos de espada
(Katana) y de palo (Jo).
Sus movimientos se basan en el círculo y la espiral, usando
éstos para contrarrestar la fuerza del atacante. Existe
un estudio muy exhaustivo de la postura corporal, que junto con
sus movimientos circulares hacen del Aikido uno de las artes marciales
más elegantes que existen.
Se usan técnicas suaves, destinadas al estudio y trabajo
del movimiento, el desarrollo de la energía interna (Ki),
el autocontrol, etc. y existen técnicas duras destinadas
al control rápido y contundente de situaciones conflictivas.
El
Aikido y la defensa personal
Como defensa personal, en una situación real, el Aikido
puede mostrarse rápido, tajante y contundente ¡¡EFICAZ!!
Con fuertes controles sobre las articulaciones, explosivas técnicas
de proyección y duros ataques, usando puños, codos,
piernas, etc. para golpear cualquier zona del cuerpo del agresor.
El trabajo existente sobre nuestra postura y nuestro movimiento
(Trabajo de mucha importancia en el Aikido) nos da la posibilidad
de hacer frente a “varios agresores”.
El concepto de “no violencia”, de usar la fuerza del
atacante para neutralizarlo, la idea de actuar relajado, nos lleva
de nuevo a que sea una práctica eficaz y segura para personas
de cualquier edad y sexo.
Sus técnicas de control hacen del Aikido un arte marcial
perfecto para todos aquellos profesionales de la seguridad que
tengan la necesidad, por su trabajo, de enfrentarse a situaciones
donde tengan que reestablecer el orden social (Agentes de seguridad,
policía, escoltas, etc.)
El
concepto de energía (Ki)
Este concepto de energía es uno de los más importantes
del Aikido y es uno de los puntos que lo diferencia notablemente
de otros tipos de artes marciales tradicionales. El Aikido conlleva
un profundo e interesante estudio del Ki. Por medio del movimiento
circular tratamos de neutralizar el ataque envolviéndolo
en una espiral o circulo a través de la técnica,
haciendo que el atacante gire y sea controlado alrededor de nuestro
centro. Ambos practicantes, tanto el que ataca como el que recibe
el ataque, tratan de unificar sus desplazamientos, creando un
único movimiento en total armonía con las fuerzas
de la naturaleza. De esta forma conseguimos una práctica
en donde nuestros cuerpos se ejercitan sin ningún tipo
de obstáculos, una única acción entre dos
cuerpos, al igual que la Luna gira alrededor de la Tierra sin
que exista ningún conflicto y en plena armonía.
El
Aikido y las armas
Paralelamente al trabajo del Aikido se puede incluir el trabajo
de la espada y el palo corto. Existen movimientos muy similares
a los realizados con mano vacía. Por ello esta práctica
realizada con cierto criterio puede ser de gran ayuda para una
mejor comprensión del Aikido. La forma de cortar, de movernos,
la actitud que tomamos con una espada o un palo en nuestras manos
puede servirnos para conseguir un mejor perfeccionamiento de la
técnica.
Realmente no es necesario el trabajo de armas para crear un buen
Aikido, pero existen movimientos de sable o palo que nos pueden
ayudar a una mejor interpretación y desarrollo de nuestras
técnicas. Por ello muchos grupos de practicantes de Aikido
ejercitan simultáneamente el estudio de las armas como
complemento perfecto para nuestro entrenamiento.
La
filosofía del Aikido
Quizás ésta es una de las partes de Aikido donde
más nos podríamos extender. Pero como hasta ahora,
trataremos de ser breves y concretos.
Ueshiba (creador del Aikido) además de ser un gran Artista
Marcial era un hombre de una gran espiritualidad, algo que según
sus discípulos más directos era capaz de plasmar
en cada uno de sus movimientos. Esto también se refleja
en el propio nombre que le dio a su arte “Aikido”
el cual se puede traducir como “El camino de la Paz”
o “La vía del amor”. Quizás como mejor
podemos captar este mensaje es a través de sus propias
expresiones:
"De esta forma, en nuestra practica no sólo pensamos
en una mejora de la técnica, sino en un crecimiento humano
que nos permita vivir con un concepto de respeto y amor hacia
cualquier persona y cualquier forma de vida que nos rodea, intentando
potenciar unos valores difíciles de encontrar en la sociedad
actual y tratando de mantener una armonía con nuestro entorno".